El divorcio y la dureza del corazón



Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así - Mateo 19:3-8.

La enseñanza sobre el divorcio en los Evangelios ha sido objeto de muy diversas interpretaciones debido a las dificultades que presenta la terminología, las abreviaturas, las aparentes contradicciones con las tradiciones paulinas y la cambiante realidad pastoral. Estudios académicos recientes sólo han resuelto estas cuestiones parcialmente. Existen diversas interpretaciones, con distinto grado de aceptación tanto en las iglesias como en círculos académicos. Últimamente se ha comprendido mejor el contexto judío y esto ha servido para apoyar algunas de estas interpretaciones. Cada uno de los Evangelios Sinópticos hace una presentación diferente de material que está claramente relacionado. Marcos 10:2–12; Mateo 19:3–9 registran un debate con los fariseos, a lo que Mateo añade una discusión con los discípulos (Mt 19:10–12), y un resumen de la conclusión de Jesús aparecen en Mateo 5:32; Lucas 16:18. Gran parte de la dificultad de estos pasajes reside en las frases adicionales que encontramos en Mateo pero no en Marcos o Lucas. En Mateo, Jesús es preguntado acerca del divorcio «por cualquier causa» (kata pasan aitian) (Mt 19:3), y él responde hablando del divorcio «a no ser por causa de fornicación [porneia]» (Mt 5:32; 19:9). Hay otra frase difícil que aparece, con pequeñas variaciones, en todos los relatos: «y el que se casa con la repudiada, comete adulterio [moicheia]».

1. Contexto del debate
2. El debate de Jesús con los fariseos
3. La cláusula de excepción 4. Dicho de Jesús sobre el consiguiente adulterio
1. Contexto del debate.

1.1. Éxodo 21:10.
La ley judía sobre el divorcio estaba basada en Deuteronomio 24:1; Éxodo 21:10–11. Prácticamente no había ningún tipo de debate sobre el pasaje de Éxodo, que se interpretaba como las obligaciones maritales de proporcionar «alimento, vestido y amor». Aparece citado en certificados de matrimonio antiguos (e. g., «Te debo… la cantidad debida de tu comida, de tu vestido y de tu cama» [5/6Ḥev 10 (126 A. D.)]). Los rabinos del siglo I A. D. coincidían en que el descuido de estas obligaciones constituía una base legítima para el divorcio, pero debatían sobre cuánta comida y vestido eran suficientes, y con qué frecuencia debía producirse la actividad conyugal antes de iniciar una demanda de divorcio (m. Ketub. 5:5–8). Tanto el hombre como la mujer podían obtener el divorcio por estos motivos. En teoría, las mujeres debían solicitar a un tribunal que obligara a sus maridos a divorciarse de ellas (m. ʿArak. 5:6), aunque en la práctica algunas mujeres escribían actas de divorcio (una de ellas ha sobrevivido: XḤev/Se 13).

1.2. Deuteronomio 24:1.
Eran muchos los detalles de la ley de Deuteronomio 24:1 sobre el divorcio que se debatían: la entrega de un acta de divorcio, el enunciado de esa acta y las bases sobre las que según este pasaje era permisible solicitarlo. Existía un acuerdo general en que este pasaje mandaba que fuera el hombre quien le diera carta de divorcio a la mujer, y que, según este texto, solamente los hombres podían hacer valer alguna de las causas para el divorcio. También había un consenso general en que «indecencia» (ʿerwâ [lit., «desnudez»]) se refería a «adulterio»; esto nunca se explicita, pero es la suposición que subyace a todos los debates rabínicos sobre el texto en cuestión (e. g., m. Soṭah 6:3). Sin embargo, durante la primera mitad del siglo I A. D. había un considerable debate entre los fariseos sobre qué más podía incluirse en la frase «alguna cosa indecente».

1.3. La escuela de Hillel y la escuela de Shammai.
Desde aproximadamente 1850, todos los comentarios académicos han reconocido que tras el debate de Jesús con los fariseos se encuentra el debate interno que existía entre ellos y que se registra en diversas colecciones de tradiciones *rabínicas. La escuela de Hillel sostenía que la frase «alguna cosa indecente» (Dt 24:1) hacía referencia a dos motivos para el divorcio: la «indecencia» (i. e., adulterio) y «una causa», que ellos interpretaban como «cualquier causa». La escuela de Shammai (que discrepaba de la escuela de Hillel en cientos de otros asuntos) decía que «a causa de alguna cosa indecente» era una sola frase que sólo podía significar una cosa: «nada excepto la indecencia» (i. e., adulterio). Tanto los primeros registros haláquicos (legales) de esta disputa como los primeros registros en las colecciones hagádicas (homiléticas) contienen elementos similares a los que aparecen en el debate de Jesús que narra Mateo (véase el apartado 1.4). En ambos relatos se cita Deuteronomy 24:1, con dos interpretaciones opuestas, pero consignan un par de eslóganes distintos (que se destacan más adelante) mediante los cuales ambas escuelas resumían su postura al respecto: «La escuela de Shammai dice: un hombre no debería divorciarse de su esposa a menos que encuentre en ella alguna cosa indecente [debar ʿerwâ], como está escrito: Por haber hallado en ella alguna cosa indecente [ʿerwat dabar]. Por su parte, la escuela de Hillel dice: incluso por haber quemado su comida, ya que dice Por haber hallado en ella alguna cosa indecente [ʿerwat dabar]» (m. Giṭ 9:10). «La escuela de Shammai dice: un hombre no debería divorciarse de su esposa salvo que encuentre en ella alguna cosa indecente [ʾalʾa ʾim… ʿerwâ], ya que está escrito Por haber hallado en ella alguna cosa indecente, mientras que la escuela de Hillel dice: incluso por haber quemado su comida, ya que dice [alguna] cosa [debar]» (Sipre Dt. 269).

En la sección de la Misná donde se consigna este debate los seguidores de la escuela de Shammai invierten el orden de los términos hebreos para que quede más claro que la frase se refiere a una sola cosa («alguna cosa indecente»), y en Sipre añaden que esta oración no incluye ningún divorcio «excepto por alguna indecencia». La respuesta de los seguidores de la escuela de Hillel a lo segundo consta de una sola palabra de la Escritura, «alguna cosa», y el ejemplo con que la acompañan demuestra que lo interpretan en el sentido de «cualquier cosa».

1.4. Frases adicionales en Mateo.
Las dos frases adicionales que aparecen en Mateo, «por cualquier causa» y «salvo por causa de fornicación», parecen ser traducciones al griego de los eslóganes de las escuelas de Hillel y Shammai, respectivamente, tal como aparecen en Sipre. El resumen de Shammai en la Misná tal vez lo encontremos en Mateo 5, donde la adición de logos refleja las palabras de la frase de Shammai: «a no ser por causa de fornicación» (parektos logou porneias). A la nueva base para el divorcio que la escuela de Hillel denominó «cualquier cosa» también hacen referencia Filón y Josefo, si bien no existía una traducción griega estándar para este término legal: «Otro mandamiento es que si una mujer, tras separarse de su marido por el motivo que sea [kath’ hēn an tychē prophasin] se casa con otro y posteriormente queda viuda, tanto si este segundo marido vive como si ha fallecido, ella no debe volver a su primer marido [Dt 24:1]» (Filón, Spec. 3.30); «Aquel que desea divorciarse de la mujer que vive con él, por la razón que sea [kath’ hasdēpotoun aitias] (y tratándose de mortales puede haber muchos que así lo quieran), debe certificarlo por escrito» (Josefo, Ant. 4.253). El divorcio de Hillel por «cualquier cosa» muy pronto se hizo popular, y el debate sobre si era legal o no se terminó pronto. Probablemente acabó incluso antes de la desaparición de la escuela de Shammai en el año 70 A. D.. Para mediados del siglo II A. D., la opinión de Shammai era tan arcaica que ya se la malinterpretaba. Algunos rabinos pensaban que la escuela de Shammai permitía el divorcio únicamente en caso de adulterio (y. Soṭah 1:1 [1a]), porque el divorcio por otros motivos (el descuido a la hora de proveer alimentos, vestido y el derecho conyugal en Ex 21:10) había caído en desuso y se había sustituido por el divorcio por «cualquier cosa». Ese divorcio por «cualquier cosa» se hizo popular probablemente porque no exigía presentarse ante un tribunal u ofrecer pruebas de los motivos del divorcio, lo cual resultaba embarazoso para ambas partes. Pese a que del divorcio por «cualquier cosa» solamente podían hacer uso los hombres (ya que Dt 24:1 sólo tiene que ver con los hombres), bien pudiera ser que las mujeres fuesen partidarias de él porque les permitía conservar su dote ketubah.

2. El debate de Jesús con los fariseos.
El motivo de la ausencia de estas frases clave en los relatos de Marcos y Lucas es discutible. Tal vez Mateo las añadió para que la enseñanza de Jesús encajara en un contexto judío, o quizás Marcos y Lucas las omitieron para que encajara en un marco gentil. Es más sencillo suponer que Mateo las añadió, tal vez para cambiar el significado del debate, o para ayudar a sus lectores, porque escribía después de que hubiese concluido el debate público y es posible que sus lectores hubieran olvidado los términos de ese debate. Tales cuestiones se complican aún más debido a las dudas que existen sobre el orden de los Evangelios y la interdependencia que hubo entre ellos (véase Problema sinóptico). El siguiente análisis parte de la base de que el relato de Mateo se basó en el de Marcos.

2.1. Mateo define la cuestión.
Es probable que las frases añadidas por Mateo no estuvieran presentes en el resumen original de este debate que registra Marcos. Ahora bien, esto no quiere decir que las adiciones de Mateo oscurecieran el sentido original de Jesús. La pregunta, tal como aparece en Marcos, tiene poco sentido, ya que la única respuesta lógica a «¿Es lícito que un hombre se divorcie de su esposa?» es: «Sí, la ley le permite divorciarse». Sin embargo, debido a que en ese momento se estaba debatiendo sobre el divorcio por «cualquier cosa», la pregunta tiene más sentido si se sobreentiende que ese «cualquier cosa» estaba implícito en la pregunta. Un equivalente actual de esto es la pregunta: «¿Es lícito que los chicos de dieciséis años beban?» La única respuesta lógica es: «Sí; de lo contrario morirán de sed». Pero cualquier persona que haga esta pregunta hoy en día añadiría mentalmente «bebidas alcohólicas», ya que esta es la cuestión que se debate actualmente.

2.2. Mateo cambia el orden.
Mateo también añade (o restaura) una progresión lógica al debate cambiando el orden de los acontecimientos. Tanto en Mateo como en Marcos, el debate comienza con Jesús siendo preguntado sobre el divorcio. Marcos inserta aquí la cuestión de la «dureza de corazón», pero Mateo la retrasa. En ambos Evangelios Jesús responde con una divagación acerca del matrimonio en la que enfatiza que debería ser monógamo y durar toda la vida (Mt 19:4–6 // Mc 10:6– 9). Jesús defiende la monogamia utilizando una serie de textos de prueba habituales (la misma introducción, razonamiento y textos de prueba se emplean en CD-A IV, 20-V, 6) y añadiéndole a Génesis 2:24 la palabra «dos» (que aparece en todas las versiones antiguas, pero no en los manuscritos hebreos). Posteriormente Jesús, basándose en estos mismos textos de prueba, añade que Dios une a las personas en matrimonio, de modo que nadie debería romper ese matrimonio.

2.3. El énfasis de Marcos en la «dureza de corazón».
Los fariseos devuelven a Jesús a su pregunta recordándole que Moisés había ordenado el divorcio en caso de adulterio, y Jesús responde que Moisés no lo mandó, sino que lo permitió, y eso únicamente debido a la dureza de corazón (véase Dureza de corazón) (Mt 19:7–8 // Mc 10:3–5). La versión de Marcos cambia el orden de «mandar» y «permitir» y sitúa el intercambio más cerca del comienzo del debate, donde destaca más la «dureza de corazón». «Dureza de corazón» (sklērokardia) es un neologismo inventado por los traductores de la LXX y utilizado en el contexto del divorcio tan sólo en Jeremías 4.4: «quitad el prepucio de vuestro corazón». Presumiblemente Jesús está aludiendo a este texto, ya que forma parte de la respuesta de Jeremías a Deuteronomio 24:1–4 (resumido en Jr 3:1) con relación al divorcio de Dios de Israel (Jr 3:8). Israel cometió adulterio de forma obstinada (i. e., «dureza de corazón») (Jr 3:3, 13, 17, 20), y Jeremías advirtió a Judá sobre ser así de obstinada, ya que ello resultaría en que Dios también se divorciara de Judá (Jr 3:8).

2.4. En énfasis de Mateo en «permitir».
La versión de Mateo se ocupa más de la petición farisaica de divorcio después de haberse producido un adulterio, de manera que le dicen a Jesús: «Moisés mandó dar carta de divorcio». Esto se debía a que la pena de muerte, que era lo que ordenaba la ley (Lv 20:10), ya no se podía practicar (véase Jn 18:31 [salvo en los casos en que el populacho se tomara la justicia por su mano, como en Jn 8:1–9]). Jesús niega esta enseñanza afirmando que Moisés solamente «permitió» el divorcio, y únicamente cuando el adulterio había alcanzado el estado descrito como «dureza de corazón». Antes del año 70 A. D., cuando los fariseos se hicieron cargo del poder judicial, el divorcio no era obligatorio en los casos de adulterio, aunque era una respuesta piadosa. Mateo cuenta que José quiso poner fin a su compromiso de boda con María cuando se convirtió en sospechosa de adulterio porque era «justo», y que decidió hacerlo «secretamente»; esto es, decidió hacer uso del divorcio por «cualquier cosa», que no requería de un juicio público (Mt 1:19).

3. La cláusula de excepción.
La cláusula «…por indecencia» la encontramos en dos versiones ligeramente distintas en Mateo: «Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser [parektos] por causa de fornicación…». (Mt 5:32); «Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo [mē epi] por causa de fornicación…» (Mt 19:9). Es posible que estas diferencias se deban al uso de enunciados distintos en dos ocasiones independientes o a traducciones distintas del mismo original. El griego un tanto complicado de 19:9 se suele interpretar como «excepto» armonizándolo con 5:32. Ocasionalmente esto se ha hecho de manera explícita cambiando el texto a ei mē epi (Basilio, Regulae Morales 31.852.23 y el NT de Erasmo), ean mē epi (Orígenes, Com. Mt. 14.24.44) o parektos (B, 33 y otros textos de la tradición occidental). La oración de Mateo 19:9 podría indicar una excepción o bien una exclusión. Si se tratara de una exclusión, entonces significa: «Cualquiera que se divorcia de su esposa, aunque sea por una inmoralidad [que no es un motivo admisible para el divorcio], y…». Si es una excepción, quiere decir: «Cualquiera que se divorcia de su esposa, salvo que sea por una inmoralidad [que es un motivo admisible para el divorcio], y…». Prácticamente todas las traducciones asumen que significa esto último debido a que Mateo 5:32 no deja lugar a dudas: parektos indica una excepción. La razón por la que se emplea la poco usual frase mē epi porneia («salvo por causa de fornicación» [Mt 19:9]) puede que se deba al esfuerzo consciente por imitar la redacción del eslogan de la escuela de Shammai ʾalʾa ʾim…ʿerwâ (lit., «no si es indecencia»), ya que la construcción ʾalʾa ʾim es la forma normal de expresar «salvo por» en el hebreo de la Misná. El término porneia que aparece en esta frase también es una elección inesperada. Cabría esperar que Jesús hubiera utilizado el vocablo moicheia, que es el término concreto que se refiere a «adulterio», pero en vez de eso empleó un término que tiene un significado mucho más amplio. La palabra porneia y sus cognados se usan en el NT para referirse a las visitas a prostitutas (1 Cor 6:13–15, 18), el incesto (1 Cor 5:1), el pecado sexual en general que comete una persona casada (1 Cor 7:2), el uso de prostitutas cúlticas (Ap 2:20–21) y el pecado de la «ramera de Babilonia» (Ap 17:2, 4; 18:3; 19:2). El significado más común es la «inmoralidad sexual» en general (e. g., Hch 15:20; Ef 5:3; Col 3:5). Esta familia de palabras se utiliza fuera del NT con el mismo amplio abanico de significados. Lo más probable es que porneia fuese la traducción más cercana de un término general hebreo o arameo como zānâ («ser sexualmente inmoral») o ʿervâ, como en el eslogan de la escuela de Shammai.

4. Dicho de Jesús sobre el consiguiente adulterio.
En todos los relatos sinópticos, Jesús afirma que volverse a casar en este caso resulta en «adulterio». Esta consecuencia se especifica apelando a distintos individuos, según la versión: el marido que se divorcia (Mt 19:9; Lc 16:18), la esposa divorciada (Mt 5:32), la esposa que se divorcia (Mc 10:12) y el nuevo marido de la mujer divorciada (Mt 5:32; Lc 16:18). Resulta harto significativo que en todos los casos se utilice la palabra moicheia, que se refiere concretamente al «adulterio», porque el adulterio es un pecado sexual cometido contra una persona casada. Según las leyes romanas el adulterio solamente podía cometerse contra el marido, aunque en la ley judía el adulterio se cometía cuando cualquiera de los dos, el marido o la mujer, se acostaba con alguien que no fuera su cónyuge. Al decir que una persona «divorciada» estaba cometiendo adulterio, Jesús estaba declarando que todavía estaban casados con su pareja original.

4.1. Cuestiones sobre la interpretación.
¿Significa esto que Jesús consideraba que todos los divorcios eran inválidos, incluyendo aquellos que se basaban en el abandono del que se habla en Éxodo 21:10 y el adulterio al que hace referencia Deuteronomio 24:1? O ¿es que se refería solamente a los divorcios basados en el motivo que se denominaba «cualquier cosa»? ¿Era pura retórica propia de un predicador, como «Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala» (Mt 5:30), o esperaba Jesús que la persona que se había vuelto a casar se separara y volviera a su primera pareja? Cuando Jesús dijo «cualquiera» (hos an) que se divorcia (Mt 19:9 // Mc 10:11) y «todo el que» (pas ho) se divorcia (Mt 5:32 // Lc 16:18), ¿quiso decir «todos» o «muchos» (como en Mc 1:5: «Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados»)? Estas preguntas sin respuesta han dado lugar a una gran diversidad de interpretaciones. Si Jesús incluyó a todos los divorciados, entonces condenó a todos los que se habían vuelto a casar, incluso tras un divorcio debido a un adulterio, tal como enseñó la iglesia primitiva y enseña hoy la iglesia católica romana. Si Jesús condenó solamente los divorcios por «cualquier cosa» (que Filón y Josefo asumen como el único tipo de divorcio que se practicaba), entonces su enseñanza permitía volverse a casar debido a ciertas causas, como el adulterio y el abandono. La mayoría de las iglesias protestantes permite el volverse a casar después de un divorcio provocado por un adulterio (basándose en la cláusula de excepcionalidad de Mateo) y por el abandono por parte de un no creyente (basándose en la cláusula de excepcionalidad de Pablo).

4.2. La interpretación de Pablo.
Pablo parece aludir específicamente a la enseñanza sinóptica de Jesús sobre el divorcio cuando se refiere a un mandamiento «del Señor» de que «la mujer no se separe [chōrizō] del marido» (1 Cor 7:10). Si en realidad se trata de una alusión, la tradición evangélica más cercana es Marcos 10:12: «y si la mujer repudia [apolyō] a su marido». Aunque se trata de dos verbos distintos, ambos tienen el significado de «separación», y ambos son utilizados en documentos legales en el sentido de «divorcio». En cualquier caso, no había distinción entre «separación» y «divorcio» en la ley romana; cualquiera que se separaba con vistas a poner fin al matrimonio era considerado como divorciado a todos los efectos, sin que fuera necesaria ningún acta escrita o acudir a un tribunal. Pablo parece interpretar el mandato de Jesús en el sentido de que permite el divorcio en algunas circunstancias. Le dice a una creyente que ha dejado a su marido que debe volver con él u ofrecerse a volver (1 Cor 7:10–11), y a otros creyentes les dice que no deben abandonar a sus parejas no creyentes (1 Cor 7:12–14). Ahora bien, si un no creyentes se separa de un creyente, Pablo no espera que el no creyente obedezca el mandamiento de Jesús, de modo que declara que el creyente «ya no está sujeto a servidumbre». En todo caso resulta discutible si esto significa que tales personas pueden considerarse liberadas del matrimonio y libres para volverse a casar o no. Si la interpretación de Pablo se basa en esta tradición del Evangelio, parece que utiliza la enseñanza de Jesús para condenar el sistema romano del divorcio sin culpa. Esto podría indicar que considera que el divorcio por «cualquier cosa» es equivalente a estos divorcios romanos. O tal vez interpretó que Jesús, como hacían los primeros padres de la iglesia, estaba prohibiendo todos los divorcios y decidió añadir una excepción por su cuenta.

Dureza del corazón
El «endurecimiento del corazón» es un modismo hebreo que describe la obstinación espiritual delante de Dios. La expresión neotestamentaria tiene su origen en el Antiguo Testamento, donde el endurecimiento se produce como una maldición de la alianza y es sintomático de la idolatría. Jesús y los evangelistas adoptaron el concepto semítico para describir la falta de fe interior y el pecado. El endurecimiento del corazón pone en marcha el diseño punitivo de Dios para los pecadores; como pecadores se distancian cada vez más de Dios, sus corazones se vuelven más y más obstinados. El endurecimiento es una consecuencia inevitable de la alienación del Creador. El concepto del corazón (kardia) en los Evangelios mantiene el concepto del término veterotestamentario (lēb, lēbab), que hace referencia a «todos los aspectos de una persona: vital, emotivo, noético y volitivo» (Fabry, 401). En un sentido positivo, el corazón es el lugar de regocijo (Jn 16:22), pureza (Mt 5:8), * adoración (Mt 15:8), perdón (Mt 18:35), amor de Dios (Mt 22:37), *arrepentimiento (Lc 1:17) y despertar espiritual al encontrarse con el Cristo resucitado (Lc 24:32). En términos negativos, el corazón es el asiento de la lujuria (Mt 5:28), desobediencia (Mt 24:48), embotamiento (Mc 8:17), duda (Mc 11:23; Lc 24:38), planes maliciosos (Lc 12:45), miedo (Jn 14:1), embriaguez y ansiedad (Lc 21:34), ataque satánico (Mt 13:19; Jn 13:2), malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos y palabras que contaminan (Mt 15:18–19; Mc 7:21). En suma, el corazón representa la voluntad humana, allí donde se conciben los pensamientos interiores (Mt 9:4; Lc 1:51; 2:35; 9:47), la fe prospera o muere (Lc 8:12), y la gente atesora objetos de culto (Mt 6:21; Lc 12:34).

A. Antecedentes veterotestamentarios
B. Los Evangelios sinópticos
C. El Evangelio de Juan
D. El divorcio y el corazón endurecido

A. Antecedentes veterotestamentarios.
El corazón endurecido es un tema notoriamente enigmático dentro del AT: «¿Por qué, oh Jehová, nos has hecho errar de tus caminos, y endureciste nuestro corazón a tu temor?» (Is 63:17). Existen importantes puntos de entrada veterotestamentarios para el diagnóstico del problema en Isaías 6:8–10; Jeremías 7:13–34; 11:1–17; Ezequiel 14:1–11; Salmo 115:1–8; 135:14–18 y Éxodo, donde Dios endurece el corazón de Faraón (Ex 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17), el Faraón endurece su propio corazón (Ex 8:15, 32; 9:34), y el corazón de Faraón se endurece a sí mismo (Ex 7:13, 14, 22; 9:7, 35) (Shupak, 390). Tras la mayoría de los relatos se encuentra la violación del pacto en forma de idolatría (Meadors). El llamamiento profético de Isaías a «hacer que los corazones de este pueblo sean insensibles» se entiende en el contexto de la idolatría de Judá, que Isaías denuncia explícitamente (Is 2:5–11, 17–22) (Beale 1991; Watts). La merma sensorial es fruto de la idolatría, ya que los idólatras se vuelven como aquello que adoran. «Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres… semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos» (Sal 115:4–8) (Beale 2008; Meadors). Éxodo resulta comprensible en este contexto, en el que Dios ejecuta una serie de juicios sobre los falsos dioses de Egipto (Ex 12:12; 18:11; Ez 20:5–7) y endurece convenientemente a Faraón, el sumo sacerdote de un culto egipcio plagado de fetiches (Meadors). El endurecimiento de Faraón está condicionado al pecado (Ex 9:27, 34; 10:16–17) que desafía a Dios según los dictados del politeísmo y la idolatría. Por tanto, el Salmo 135 transmite ese fenómeno de «te conviertes en lo que adoras» en el contexto del pecado de Faraón (Sal 135:8–18) (Meadors).

B. Los Evangelios sinópticos.
El uso veterotestamentario se mantiene en los Evangelios sinópticos, donde Jesús aplica la maldición del endurecimiento a su propia generación (Mt 13:13–15; Mc 4:10–12; Lc 8:10). Marcos recoge las palabras de Jesús como aparentemente incondicionales sobre la base de la TM subyacente, mientras que Mateo ofrece la traducción ampliada de la LXX, que hace recaer la responsabilidad directamente sobre la parte endurecida: «(ellos) han cerrado sus ojos» (Mt 13:15). Lucas ofrece una versión truncada de Marcos.

B.1. Marcos.
El endurecimiento del corazón se produce tres veces en Marcos (Mc 3:5; 6:52; 8:17–21), mientras que el tema estrechamente relacionado de la obstinación aparece una vez (Mc 4:12). En el contexto del desarrollo teológico literario de Marcos de Jesús como el *Cristo, el *Hijo de Dios (Mc 1:1; 8:29; 15:39), el endurecimiento caracteriza a todos aquellos que no reconocen a Jesús como tal. Jesús se lamenta de la dureza de corazón de los *fariseos, cuya preocupación por la ley del *sábado les impide ver a Jesús como el Cristo, aun cuando él *sana al lisiado ante sus propios ojos (Mc 3:5). Jesús diagnostica la disfunción sensorial como un síntoma que debilita a quienes oyen la palabra del evangelio, pero permiten que las preocupaciones del mundo, el engaño de las riquezas y el deseo de otras cosas penetren y ahoguen la palabra (Mc 4:12, 19). Y los propios discípulos muestran dureza de corazón cuando no pueden conectar las alimentaciones de los cuatro mil y los cinco mil (Mc 6:52; 8:17–21) con la presencia dinámica del *reino de Dios y la identidad de Jesús como agente mesiánico de su llegada. Así pues, en Marcos la dureza de corazón es un impedimento intelectual que corresponde a una fe deficiente.

B.2. Mateo y Lucas.
C. A. Evans ha defendido que Mateo suavizó el lenguaje incondicional de Marcos 4:12 (Evans, 165). Sin embargo, es posible que la distinción sea más aparente que real, en vista de los antecedentes de Isaías 1–6, donde el endurecimiento de Judá está condicionado a su pecado de idolatría (Is 2:5–11). Por otra parte, la explicación de la parábola del sembrador, que sigue inmediatamente después de la cita de Jesús de Isaías 6:8–10 en cada uno de los Sinópticos, explica sistemáticamente la maldición del endurecimiento como una consecuencia de la fe dividida. El endurecimiento aflige a quienes sucumben a Satanás, la persecución, las preocupaciones del mundo, el engaño de las riquezas y los engaños de los valores temporales (Mt 13:18–22; Mc 4:13–19; Lc 8:11–14). Por consiguiente, el endurecimiento corresponde a la preocupación con otras cosas distintas del reino de Dios. Al compartir este punto esencial, Mateo y Lucas expresan el mismo mensaje básico que Marcos.

C. El Evangelio de Juan.
Juan 12:37–41 atribuye la incredulidad de los contemporáneos de Jesús al cumplimiento de Isaías 6:10. En consonancia con el tema profético, los contemporáneos de Jesús, al igual que los de Isaías, estaban tan obsesionados con el ritual religioso externo que eran incapaces de ver la profecía cumplida incluso cuando esta tenía lugar en su misma presencia. Ya insensible, la audiencia de Jesús estaba predispuesta al rechazo cínico de las señales de Jesús. En todo el Evangelio de Juan esta predisposición refleja la preferencia del mundo por las tinieblas en vez de la *luz: «Y esta es la condenación: que la luz vino al *mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Jn 3:19). La preferencia por la oscuridad frente a la luz es un diagnóstico metafórico de la idolatría que se corresponde con uno de los resultados del endurecimiento. El motivo del endurecimiento complementa el tema general joánico del «malentendido» al exponer la incapacidad humana para percibir la verdadera identidad de Jesús antes de la cruz y la resurrección (Jn 6:60; 8:27; 10:6, 19–21, 24; 11:13; 12:16; 13:28; 14:5; 16:17–18; 20:9). El mensaje de Juan es que aquellos que rechazan a Jesús a causa de un amor preexistente por el mal (Jn 3:19) inevitablemente rezumarán un semblante endurecido como consecuencia de su separación de «aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (Jn 1:9).

D. El divorcio y el corazón endurecido.
Jesús identifica el corazón endurecido como la causa subyacente del *divorcio (Mt 19:3–9; Mc 10:2–12). El divorcio es una concesión, no el diseño original de Dios. Que los dos sean una sola carne es la preferencia y la voluntad de Dios. Jesús atribuye el endurecimiento a la insensible disposición de la parte que desea divorciarse: «Por la dureza de vuestro corazón [sklērokardia] Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres». El estado de endurecimiento de la parte que desea divorciarse se muestra en el desprecio por los designios de Dios para el pacto matrimonial. Lo que Dios creó como uno, no debería separarlo ninguna persona (Mt 19:6; Mc 10:9). Al igual que la idolatría, el divorcio actúa sobre los deseos divisivos de abandonar a un compañero de alianza. El corazón endurecido tipifica tanto a quien comete idolatría como a quien se divorcia, ya que en ambos casos está traicionando un pacto sagrado de manera intencionada.



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Notas:
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Material tomado de Diccionario de Jesús y los evangelios (CLIE):
· Cornes, Divorce and Remarriage: Biblical Principles and Pastoral Practice (Londres: Hodder & Stoughton, 1993).
· W. A. Heth y G. J. Wenham, Jesus and Divorce (Londres: Hodder & Stoughton, 1984).
· D. Instone-Brewer, Divorce and Remarriage in the Bible: The Social and Literary Context (Grand Rapids: Eerdmans, 2002); G. J. Wenham, W. A. Heth y C. S. Keener, Remarriage after Divorce in Today’s Church: Three Views (Grand Rapids: Zondervan, 2006).
· G. K. Beale, «Isaiah VI 9–12: A Retributive Taunt Against Idolatry», VT 41 (1991) 257–78; ídem, We Become What We Worship: A Biblical Theology of Idolatry (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2008).
· C. A. Evans, To See and Not Perceive: Isaiah 6:9–10 in Early Jewish and Christian Interpretation (JSOTSup 64; Sheffield: JSOT Press, 1989); H. J. Fabry, לב ,ֵTDOT 7:399–437; M. Hengel, Studies in the Gospel of Mark (Londres: SCM, 1985).
· E. P. Meadors, Idolatry and the Hardening of the Heart: A Study in Biblical Theology (Londres: T & T Clark, 2006).
· N. Shupak, «ḤZQ, KDB, QŠH, LĒB, the Hardening of Pharaoh’s Heart in Exodus 4:1–15:21—Seen Negatively in the Bible but Favorably in Egyptian Sources», en Egypt, Israel, and the Ancient Mediterranean World: Studies in Honor of Donald B. Redford, ed. G. N. Knoppers y A. Hirsch (PA 20; Leiden: E. J. Brill, 2004) 389–403.
· R. E. Watts, Isaiah’s New Exodus and Mark (WUNT 2/88; Tubinga: Mohr Siebeck, 1997).

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