La exposición inteligible: ¿Qué son las lenguas angélicas?



 

La exposición inteligible: 

¿Qué son las lenguas angélicas?

 

Por: Félix Muñoz (Th.D).

 

Muchos creyentes bien intencionados pero mal informados toman el verso de 1 Corintios 13:1 para reafirmar sus conceptos aprendidos y dar a entender que existen lenguas angélicales y espirituales, y a su vez, lo confirman con el siguiente capítulo (1 Cor. Cap. 14). El texto dice: para reafirmar sus conceptos aprendidos y dar a entender que existen lenguas angélicales y espirituales, y a su vez, lo confirman con el siguiente capítulo (1 Cor. Cap. 14). El texto dice: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe” ¿Es eso lo que realmente afirma estos dos capítulos de la epístola Paulina?

 

Si observamos cuidadosamente el verso 1 de 1 Corintios 13, hay un juego de palabras, las palabras “lenguas”... humanas o angélicas” han sido muy malinterpretadas, por lo tanto es necesario analizarlas para comprender por qué muchos descontextualizan el Cap. 14 creyendo en supuestas lenguas espirituales. La primera “lenguas” del gr. “glossa” es lenguaje, idioma, en este caso claramente son las humanas “antrhopos” mencionadas en el verso, ahora viene lo que es un problema para muchos, “y angélicas”, Pablo no está afirmando que él u otros seres humanos contaban con la facultad divina de hablar un lenguaje angélical o espiritual, esto verdaderamente es un término hipotético general, ya que en esos tiempos la creencia popular y los ritos paganos pensaban que los ángeles tenían un idioma especial para comunicarse entre los dioses y los hombres, incluso los judíos creían que los ángeles comprendían el idioma humano pero el humano no el de ellos, y según las practicas pagánas, hacían ruidos exagedaros sin sentido (como muchos círculos cristianos carismáticos modernos) pensando que serían esuchados por los ángeles para que de esa forma los seres angélicos comunicaran a los dioses sus acciones y les prestaran atención.

 

Entonces, al observar el contexto cultural de esa época, entendemos que Pablo hace uso de esa creencia con un tono exajerado para decirle así a los Contintios, Entonces, al observar el contexto cultural de esa época, entendemos que Pablo hace uso de esa creencia con un tono exajerado para decirle así a los Contintios, “Si yo llegase hablar todos los idiomas humanos, incluso, hasta el idioma que ustedes creen que los angeles hablan, y no tengo amor, de nada sirve ese alboroto, ya que viene a ser hueco, vacío” Pablo habló con ese tono exagerado ya que ellos tenían el concepto del lenguaje angélical como uno muy elevado, entonces, la idea Paulina es usar lo que ellos creían como algo divinamente elevado era para darles a entender que sin amor de nada les sirve, ya que estaban haciendo mal uso de sus dones espirituales, nunca alude a un supuesto idioma o lenjuage angélical existente. Comprendiendo esto, lograremos entender porque muchos descontextualizan el siguiente capítulo, el cual analizaremos a continuación.

Leer: 1 Corintios 14:1-19

 

Para poder comprender el estudio debemos primeramente analizar cuál era el contexto de Corinto tanto, históricamente como literariamente. El propósito de la carta era ofrecer soluciones a los problemas en la iglesia y enseñar a los creyentes como vivir para Cristo en medio de la corrupción. Fue escrita alrededor del 55 d. C. casi al final de los tres años y medio de ministerio de Pablo en Éfeso en su tercer viaje misionero. Corinto era una gran ciudad cosmopolita que contaba con un puerto y la cual era un centro comercial principal. Era la ciudad más importante de Acaya. También estaba llena de idolatría e inmoralidad, en la cual le rendían culto a la diosa pagana Afrodita (diosa del placer sexual) la cual en su templo en la colina alta a la vista desde el mar había más de mil prostitutas religiosas para rendir culto en conjunto de los adoradores a la misma, con acciones inmorales sexuales.

 

En la iglesia de Corinto había varios problemas:

 

1) Divisiones:

a. Por el malentendido de la cruz de Cristo y sus exponentes.

b. Por el malentendido del ministerio revelador del Espíritu.

 

Las consecuencias impedían el crecimiento espiritual maduro. Y perdían la realidad de las recompensas divinas.

 

2) Desordenes morales:

a. Incesto.

b. Litigios ante los tribunales paganos.

c. Laxitud moral.

 

3) Discusiones matrimoniales:

a. Acerca del matrimonio y celibato.

b. Acerca del matrimonio y el divorcio.

c. El matrimonio y el servicio.

d. El matrimonio y nuevas nupcias.

 

4) Manjares ofrecidos a ídolos:

a. Dudas acerca si comer o no lo ofrecido a ídolos paganos.

b. Derechos y restricciones.

 

5) Problemas de ego:

a. Se engrandecían a sí mismos.

b. Restricciones a practicar fiestas paganas dedicadas a ídolos.

c. No buscaban glorificar a Dios y el bien del prójimo.

 

6) Discusiones acerca del culto público:

a. El velo de las mujeres.

b. La cena del Señor/en los ágapes hacían divisiones sociales.

c. El mal uso de los dones espirituales.

 

Aquí entramos en el mayor problema: la falta de la supremacía del amor divino suplantado por los dones en arrogancia egoísta.

 

Mientras que los dones del Espíritu son parciales y temporales, el fruto del Espíritu es eterno y más excelente. Si practicamos el amor, esto nos protegerá del mal uso de los dones y de las contiendas y divisiones que han surgido como resultado de su abuso.

 

Debido a que lo dones tales como “profecía son dados por el Espíritu de Dios” el trasfondo cultural es menos importaste aquí que en otras partes de la carta a los Corintos. Pero puede ayudar al lector moderno apreciar como los primeros lectores pueden haber visto el funcionamiento de algunos dones en su cultura. Aunque pablo claramente no está opuesto a que se hable en lenguas (14:5, v.18), recalca que el valor de los dones debe ser su utilidad en un ambiente dado, el hablar inteligible aprovecha a otros en la adoración pública, mientras que el hablar en forma ininteligible, por más inspirado que sea, es provechoso solo privadamente o si se interpreta. Ni el sombrío ritual romano y la celebración extática griega es la regla de la espiritualidad, el interés por los otros lo es, como se menciona en el contexto inmediato (Cap. 13 arriba mencionado). El término para “lenguas” normalmente significa sencillamente “idiomas” pero aquí es claro que la persona inspirada para orar en secretos otros idiomas no sabe los idiomas, como en Hechos, el don presupone una capacitación lingüística sobrenatural dada por el fundador de las lenguas (Gén 11:1-9).

 

“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación – 1 Cor 14:1-3”.

 

Es evidente la conexión con el capítulo anterior (1 Cor 13). Los cristianos deberían procurar alcanzar el amor, y esto significará que siempre estarán tratando de servir a otros. Deberían también con fervor desear los dones espirituales para su asamblea. Aunque es cierto que los dones son distribuidos por el Espíritu como Él desea, también lo es que podemos pedir dones que serán del mayor valor en la comunión local. Así sugiere Pablo que el don de profecía es eminentemente deseable. Y prosigue explicando por qué la profecía (enseñanza bíblica), por ejemplo, es de mayor beneficio que las lenguas (idiomas). El que habla en lenguas sin interpretación no está hablando para beneficio de la congregación. Dios como creador de los diferentes idiomas comprende lo que está diciendo, pero la gente no, porque es para ellos una lengua extraña. Podría estar exponiendo verdades maravillosas hasta ahora desconocidas, pero no les hace bien porque es todo ininteligible. El que profetiza, en cambio, edifica a los demás, los exhorta y consuela. La explicación de ello es que está hablando en el lenguaje de la gente; esto es lo que marca la diferencia. Cuando Pablo dice que el profeta edifica, mueve y aplica vendajes, no está dando una definición. Está sencillamente diciendo que estos resultados seguirán cuando el mensaje sea dado en una lengua que la gente conozca.

 

Histórico-culturalmente en el AT la “profecía” también servía para las funciones que Pablo menciona “edificación y destrucción” p. ej. (Jer 1:10) donde la palabra de Dios derroca y restaura, en la “exhortación” incluye reprensión, y casi todos los profetas del AT, sin que importara cuán enfocado fuera el juicio, incluían un mensaje de consolación y esperanza. Léxico sintácticamente, Seguid pues el amor del gr. diökete tën agapën. Como en una verdadera caza. Pablo vuelve a la idea en 1 Cor 12:31 (el mismo empleo de zëloute) y demuestra la superioridad de la profecía respecto a los otros dones espirituales, sin contar la fe, la esperanza y el amor de 1 Cor 13:13. Especialmente que profeticéis del gr. mallon de hina prophëteuëte. Un objetivo distinto a la vista, como en el versículo 5. Un antiguo verbo de prophëtës, común en el N.T. Presente de subjuntivo, «que podáis proseguir profetizando». Sigue en relación a ello que, Pues nadie le entiende del gr. oudeis gar akouei. Literalmente, nadie oye, consigue comprender, comprende el sentido. El verbo akouö se emplea tanto de oír el sonido solo como de recibir la idea expresada por él (cf. Hch. 9:7; 22:9). Misterios gr. mustëria. Misterios inexplicados (1 Co. 2:7), para la persona que no comprende tal lenguaje le será un misterio más, algo oculto. Por ello alude que todo debe ser para Edificación gr. oikodomën, y Exhortación gr. paraklësin. Aliento, llamar al lado de uno.

 

Por tal razón debe ser inteligentemente entendible el mensaje expuesto, que edifique, exhorte y traiga consigo Consolación gr. paramuthian. Una antigua palabra (de muthos, paramutheomai, 1 Tes 2:12), una palabra estimuladora), en ningún otro lugar del N.T. se trae como aquí, aunque sí aparece paramuthion en Filip 2:1, junto con paraklësis, como aquí. La consecuencia benigna de la exhortación y consolación siempre será la Edificación, literalmente el aliento, incentivo, en estas palabras. Por tal razón debe ser todo de manera entendible, ya que nadie podrá ser reprendido por una falta (exhortado) y restaurado por sus faltas (consolado) sin el pleno entendimiento de la expresión verbal, cuando afirma el texto (v.2) Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Afirma que solo Dios entiende su lengua, ya que es el creador de la misma y no la audiencia. La versión NTV lo expone de una forma más clara para aquellos que no gozan de ciertos documentos y dice: Pues, si alguien tiene la capacidad de hablar en lenguas, le hablará solamente a Dios, dado que la gente no podrá entenderle. Hablará por el poder del Espíritu, pero todo será un misterio. El don de lenguas (idiomas) fue motivo de preocupación en la iglesia de Corinto porque su mal uso causaba desorden en la adoración. Hablar en lenguas es un don dado en tales tiempos por el Espíritu, pero los creyentes corintos lo usaban como signo de superioridad espiritual en vez de como un medio para alcanzar la unidad, por ello en el contexto inmediato habla de la supremacía del amor divino sobre todo don. Pablo da entender que los dones son de beneficio solo cuando se usan apropiadamente para ayudar a todos en la Iglesia. No para hacernos sentir bien a nosotros mismos.

 

Aquí, es preciso hacer una observación. En tres eventos históricos (Hch 2:4, 6, 8, 10:46, 19:6), el hablar en lenguas se refiere a dialectos, haciendo uso del gr. heterai, los cuales no eran conocidos por el que lo hablaba. También en Mr 16:17, 1 Cor 12:10, 20, 28, 13:1, 8, 14:5-6, 18, 22 se hace uso del gr. glossai, se hace referencia a idiomas étnicos. Cuando la palabra lengua se usa en singular del gr. glossa como en 1 Cor 14:2, 4, 13, 19, 26-27, se refiere a la expresión extasiada de los corintos. En 1 Cor 14:9 se refiere a la lengua física del hombre, y en 14:23 habla en plural como un pronombre plural para las expresiones extasiadas de los corintos. La enseñanza del apóstol es que aquel que habla en lengua (idiomas) se edifica a sí mismo, sin embargo, estando en la presencia de otras personas, si hubiera quien las interprete, ellas también serán edificadas.

“El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación - 1 Cor 14:4-5”.

 

El versículo 14 se emplea comúnmente para justificar el uso privado de las lenguas para la propia edificación. Pero el hecho de que la palabra «iglesia» se encuentra nueve veces en este capítulo (vv. 4, 5, 12, 23, 28, 33, 34, 35) ofrece una evidencia bien convincente de que Pablo no está tratando acerca de la vida devocional de un creyente en la intimidad de su habitación, sino acerca del empleo de las lenguas (idiomas) en la iglesia local. El contexto muestra que, lejos de abogar por el uso de las lenguas para la propia edificación, el apóstol condena todo empleo del don en la iglesia que no tenga como resultado ayudar a otros. El amor piensa en los demás, no en uno mismo. Si el don de las lenguas (idiomas) se emplea con amor, beneficiará a otros y no sólo a uno mismo. El que profetiza, edifica a la iglesia. No está exhibiendo este don para su ventaja personal, sino que habla de manera constructiva en un lenguaje que la congregación puede comprender. Histórico-culturalmente. Pablo no menosprecia el don de lenguas; se da cuenta de que es un don del Espíritu Santo. No podría ni querría menospreciar nada que venga del Espíritu. Cuando dice: Querría que todos vosotros hablaseis en lenguas, está renunciando a todo deseo egoísta de limitar este don a sí mismo y a unos pocos favorecidos. Su deseo es similar al expresado por Moisés: «¡Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y Jehová pusiera su espíritu sobre ellos!» (Nm. 11:29b). Pero al decir esto, Pablo sabía que no es la voluntad de Dios que todos los creyentes tuviesen un mismo don (véase 12:29–30). Él querría más que los corintios profetizasen, porque con ello se edificarían mutuamente, mientras que cuando hablasen en lenguas sin interpretación, sus oyentes no comprenderían, y por ello no resultarían beneficiados. Pablo prefería la edificación a la exhibición. «Lo que asombra es mucho menos importante que lo que edifica», como dice Kelly. La expresión a no ser que las interprete podría significar «a no ser que el que hable en lenguas interprete», o «a no ser que alguien interprete». Histórico-culturalmente el deseo de Pablo es que todos puedan profetizar (hablar las Escrituras) es lo más realista, Dios prometió capacitar a todo su pueblo para profetizar una vez que el tiempo del fin (inaugurado por Jesucristo según el NT) haya llegado (Jl 2:28). Si las lenguas se interpretaban, podía también servir como forma de discurso útil para la iglesia. Léxico-sintácticamente. La iglesia del gr. ekklësian. Sin artículo, literalmente «una iglesia» (uso local). No hë ekklësia, habla del mismo corinto. En relación al don, A no ser que las interprete gr. ektos ei më diermëneuëi. Combinación pleonástica de ektos (excepto) y ei më (si no, a no ser que) como en 1 Tim 5:19. Para el uso de ei con el subjuntivo en lugar de ean Segundo aoristo (ingresivo) de subjuntivo, voz activa, de lambanö, reciba edificación. Si no hay algún interprete de tal idioma no es funcional el don.

 

“Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? – 1 Cor 14:6-7”.

 

Incluso si el mismo Pablo llegaba a Corinto hablando en lenguas, no les serviría de provecho excepto si podían comprender lo que les decía como revelación y ciencia, o profecía y enseñanza. Los comentaristas están de acuerdo en que revelación y conocimiento tienen que ver con la recepción interior, mientras que la profecía y la enseñanza tienen que ver con la transmisión de lo mismo. El argumento de Pablo en este versículo es que para que sea de provecho para la iglesia, el mensaje ha de ser comprendido. Pasa a demostrar esto en los siguientes versículos los cuales analizaremos más adelante. Primero, emplea la ilustración de los instrumentos musicales. Excepto si una flauta o cítara hace una distinción de notas, nadie sabrá lo que se está tocando o tañendo. La misma idea de gozar de la música incluye el pensamiento de la distinción entre notas, un ritmo determinado y una cierta claridad. Cuando Pablo expresa “lengua” del gr. glossa alude: idioma, lenguaje, en especial uno adquirido no normalmente. La inteligibilidad es la clave para edificar a otros. Pablo menciona aquí dos instrumentos musicales principales de la antigüedad: “la flauta” instrumento de viento que sonaba como el oboe y con frecuencia tenía dos tubos unidos a la boquilla, era común en la música religiosa y emotiva, el “arpa”, instrumento de cuerdas, se consideraba más armonioso y con frecuencia acompañaba al canto. Hace un contraste entre ambos instrumentos para dar entender el ejercicio del discernimiento, saber diferenciar entre una y otra cosa, y eso solo se lleva a cabo si el exponente lo hace real, comunicar las cosas de manera entendible. Las cosas inanimadas gr. ta apsucha. Sin alma o sin vida. Como la Flauta (gr. aulos). La cual no funciona sin que alguien sople, al igual que la Cítara (gr. kithara). Instrumento de cuerdas, así como la flauta lo es de viento. Si no dan distinción de las notas del gr. Phthoggos, vieja palabra (de phtheggomai) para sones musicales, vocales o instrumentales. No se puede diferenciar. No vale hablar los idiomas que sean y cuando se expresa el mensaje no se entienda.

“Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. - 14:8-9”.

 

Lo mismo sucede con una trompeta. El llamamiento a las armas ha de ser claro y concreto; si no, nadie se preparará para la batalla. Si el corneta se limita a ponerse en pie y tocar un largo toque monótono, nadie se moverá. Así sucede en el caso de la lengua humana. Excepto si las palabras que pronunciamos son comprensibles, nadie sabrá lo que decimos. Sería tan inútil como hablar al aire. (En el v. 9, «lengua» designa al órgano del habla, no a una lengua extranjera.) En todo esto hay una aplicación práctica, es decir, que el ministerio o la enseñanza han de ser claros y sencillos. Si es «profundo» y va más allá de la capacidad de los oyentes, no les será de provecho. Podría tener como resultado ser para una cierta gratificación del orador, pero no servirá de ayuda al pueblo de Dios. Un sonido confuso (gr. adëlon phönën). Viejo adjetivo (aoristo privativo de; dëlos, manifiesto). La corneta militar (salpigx) suena más fuerte que la flauta o la cítara. Se preparará (gr. paraskeuasetai). Futuro de indicativo en voz media directa, de paraskeuazö, viejo verbo compuesto de para, skeuë para dar entender: preparación. El toque de la trompeta de manera incierta confundiría los romanos en tales tiempos y harían caso omiso al sonido, no se prepararían. En el caso del mensaje es igual, si nadie lo entiende nadie lo recibe, y por ende nadie se preparará, por ello en el (v.9) expone claramente. Si… no dais palabra bien comprensible gr. ean më eusëmon logon döte. La palabra clave es: Eusëmon compuesta de: eu que significa bien; y de sëma, que significa señal. Alude algo: bien marcado, contrastado, claro. Da entender una buena enunciación, esta es una indicación para los predicadores. Si no se habla claramente el mensaje entonces es como si Hablaréis al aire gr. esesthe eis aera lalountes. Futuro perifrástico de indicativo de aera derön (golpear al aire) en 1 Cor 9:26. Da entender: nuestro hablar al viento. En sí es, el comunicador envía el mensaje pero el receptor no lo recibe.

 

“Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí. Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia – 1 Cor 14:10-12”.

 

Pablo pasa a otra ilustración de la verdad que ha estado exponiendo. Se refiere a las tantas clases de lenguas que hay… en el mundo. Aquí el tema es más amplio que las lenguas humanas: incluye las comunicaciones de otras criaturas. Pablo está pensando en las varias llamadas de aves y en los chillidos y gruñidos empleados por los animales. Sabemos, por ejemplo, que hay ciertas llamadas de celo, migratorias y de comida que emplean las aves. También hay ciertas voces empleadas por los animales para advertir de peligro. Pablo está sencillamente diciendo que todas estas voces tienen un significado determinado. Ninguna de ellas carece de significado. Cada una de ellas se emplea para comunicar un mensaje determinado. Esto es cierto también del lenguaje humano. Excepto si uno habla con sones articulados, nadie podrá entenderle. Igual daría que repitiese una jerigonza carente de significado. Pocas experiencias pueden ser más frustrantes que tratar de comunicarse con alguien que no comprenda el idioma de uno. A la vista de esto, los corintios deberían combinar su celo por los dones espirituales con el deseo de la edificación de la iglesia. Moffatt traduce así: «En este deseo de ir a la excelencia, haced de la edificación de la iglesia vuestro objetivo». Observemos que Pablo nunca los desalienta en su celo por los dones espirituales, sino que trata de conducirlos e instruirlos para que en el uso de estos dones alcancen las mayores metas. Los griegos tradicionalmente menospreciaban a los no griegos, llamándolos bárbaros/extranjeros, los llamaban bárbaros porque según ellos hablaban idiomas inferiores y para ellos el griego era superior, recordemos que en Corinto había divisiones y los que hablaban griego menospreciaban aquí a los que no, e incluso, los que no creían en la superioridad de los griegos dividían al mundo griego entre griegos y barbaros (p. ej. Rom 1:14), a menudo con base en la raza pero a veces con base en el idioma. Aquí sencillamente se observa que los que no pueden comunicarse inteligiblemente pueden verse el uno al otro como extranjeros (v. 11). El valor de las palabras gr. tën dunamin tës phönës alude El poder (fuerza, sentido) de la voz. Bárbaro de bar-bar. Los egipcios llamaban bárbaros a todos los que no hablaban su lengua. Los griegos siguieron la misma práctica para denotar con esta palabra a todos los que ignoraran la lengua y cultura griegas como arriba mencioné. Dividían la humanidad entre helenos y bárbaros. Cf. el término castellano beréber, de la misma raíz aludía una connotación despectiva. Aquí nos exhorta a ir más allá del concepto humano popular, o corrientes filosóficas a mantenerse enfocado en la verdad y transmitirla tal cual.

 

“Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto – 1 Cor 14:13-14”.

 

Si alguien habla en lenguas debería orar por poder interpretarlas. El significado podría ser orar para que alguien pueda interpretarlas. Es posible que uno que tenga el don de lenguas pueda también tener el don de interpretación, pero esto sería más la excepción que la regla. La analogía del cuerpo humano sugiere diferentes funciones para distintos miembros. Si alguien, por ejemplo, ora en lenguas en una reunión de la iglesia, su espíritu ora en el sentido de que sus sentimientos encuentran expresión, pero no en la lengua nativa comúnmente empleada. Pero su entendimiento queda sin fruto en el sentido de que no beneficia a nadie más por no entender. La congregación no sabe lo que está diciendo, tomamos la frase mi entendimiento como significando «la comprensión que los otros tienen de mí». Originalmente el texto alude: Pida en oración poder interpretarlas del gr. proseuchesthö hina diermëneuëi. Lo cual significa: mejor sería que cesara de hablar en lenguas. Ya que el entendimiento queda sin fruto (gr. ho de nous mou akarpos). Mi intelecto (nous) no consigue beneficio alguno (akarpos, sin fruto) de una oración rapsódica que alude: no puede conmover mi espíritu. El filósofo griego Filón al describir la inspiración divina decía que Dios poseía a sus profetas y anulaba sus facultades racionales durante el período inspiracional. En contraste, Pablo arremete que la inspiración profética utiliza las facultades racionales al igual que la interpretación, incluso con respecto a la glosolalia o lenguas (idiomas) inspiradas, que son las oraciones de un componente diferente, no racional, de la naturaleza humana, jamás Pablo alude que la mente sea forzada a estar inactiva, al contrario, exhorta a su buen uso. Ambas clases de adoración y ambos componentes de la naturaleza humana son importantes. En términos modernos, estos componentes de la naturaleza humana son tal vez similares a los componentes afectivos y cognoscitivos, o a la mente subconsciente y consciente. En cualquier caso, ni la pura racionalidad de algunas iglesias modernas ni el puro emocionalismo de algunas otras tradiciones le hubieran agradado a Pablo, su noción de adoración abarcaba a la persona completa no partes divisibles de ella.

 

“¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento -1 Cor 14:15”.

 

¿Qué, pues? ¿A qué conclusión llegamos? Sencillamente, a ésta: Pablo no sólo orará con el espíritu, pero orará también de forma que sea entendido. Esto es lo que se significa por la expresión oraré también con el entendimiento. No significa que orará con su propio entendimiento, sino que orará de modo que pueda ser de ayuda para que los demás comprendan. Así cantará también con el espíritu, y también cantará de modo que sea entendido racionalmente por los demás. También con el entendimiento del gr. kai töi noi. Caso instrumental de nous. Alude claramente a favor del empleo del intelecto en la oración. La oración es un ejercicio inteligente de la mente. Cantaré también con el entendimiento gr. psalö de kai töi noï. Había canto extático como la rapsodia de algunas oraciones sin palabras inteligibles. Pero Pablo prefiere el canto que llega al intelecto además de agitar las emociones. Los solos que las personas no comprenden pierden más de la mitad de su valor en el culto eclesial. Psallö significaba originalmente pulsar o rasgar cuerdas, y luego cantar con acompañamiento (Ef. 5:19), y aquí evidentemente alude que es igual que cantar sin referencia a un instrumento que le acompañe. La adoración carismática, es decir, inspirada por el Espíritu, también era practicada por las escuelas de profetas en el AT (1 Sam 10:5, 2 Ry 3:15) transferida a la adoración en lo que llegó a ser el templo (1 Cr 25:1-5), generó muchos de los canticos del libro de los Salmos. Aunque la adoración en leguas no se practicaba en el AT, la adoración carismática en un sentido más general sí, se aclara que tal adoración no era una emocional, sino más bien una inspirada por el Espíritu para la glorificación de Dios en base a las Escrituras. Por ello Pablo trae a memoria que se debe cantar con entendimiento, basándose en lo que ya está escrito.

 

“Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado -1 Cor 14:16-17”.

 

En el versículo 16 queda meridianamente claro que éste es el sentido correcto del pasaje. Si Pablo daba gracias con su espíritu, pero no de forma que otros le comprendiesen, ¿cómo podría decir el Amén al final alguien que no comprendía sus palabras? El que ocupa lugar de oyente sencillo significa la persona sentada entre los oyentes y que no conoce la lengua empleada por el que habla. Este versículo, de pasada, autoriza el uso inteligente del «Amén» en las reuniones públicas de la iglesia. Hablando en una lengua extranjera, uno podría estar dando verdaderamente gracias a Dios, pero el otro no es edificado si no sabe lo que se está diciendo. Porque si bendices sólo con el espíritu gr. epei ean eulogëis en pneumati. Significa que, si uno está orando y alabando a Dios (1 Cor 10:16) en una oración extática, el que no comprenda el éxtasis no sabrá cuándo decir «amén» al final de la oración. En las sinagogas los judíos usaban amenes responsivos al final de las oraciones (Neh. 5:13; 8:6; 1 Cr. 16:36; Sal. 106:48). El que ocupa el lugar de oyente sencillo gr. ho anaplërön ton topon tou idiötou. Alude a persona privada (Hch. 4:13), no diestra (2 Co2 11:6), no iniciados (indoctos) en el don de lenguas «el que no tiene ese don»). Los oficiales romanos seguían exactamente las oraciones habituales, los servicios judíos permitían más libertad. Pablo aquí expresa espontaneidad en la oración y ni siquiera objeta en el orar en otro idioma “con el espíritu de uno”, siempre y cuando se interprete. Luego de una sana interpretación del lenguaje para edificación “amén” era la respuesta judía común a una bendición con la cual se concordaba, de no recibir luz al intelecto “razón” sería imposible afirmar lo mismo.

 

Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida -1 Cor 14:18-19”.

 

El apóstol tenía evidentemente la capacidad de hablar más lenguas extranjeras que todos ellos. Sabemos que Pablo hablaba varias lenguas, pero aquí la referencia es indudablemente al don de lenguas. A pesar de esta capacidad lingüística superior, Pablo dice que prefiere hablar cinco palabras con su entendimiento, es decir, para poder ser entendido, que diez mil palabras en lenguas extranjeras. No estaba interesado en absoluto en usar este don para su propia exhibición. Su principal objetivo era ayudar al pueblo de Dios. Por ello, decidió que cuando hablase, lo haría de tal manera que los demás le comprendiesen. La expresión mi entendimiento se conoce como un «genitivo objetivo». No se refiere a lo que yo mismo entiendo, sino a lo que otros entienden cuando hablo. El contexto aquí tiene que ver no con el propio entendimiento de Pablo de lo que él mismo hablaba en lenguas, sino con el entendimiento que los otros tuviesen de lo que él decía. No es de creer que Pablo diera gracias a Dios por estar más abundantemente dotado del don de lenguas, si dicho don hubiera consistido en la capacidad de hablar en palabras que él mismo no entendía, y cuyo uso, según tal suposición, no podía beneficiarle a él ni a los demás. Es igualmente evidente en este versículo que hablar en lenguas no era hablar en un estado de inconsciencia mental. La doctrina tradicional respecto a la naturaleza de este don es la única que armoniza con este pasaje. Pablo dice que aunque pudiera hablar en lenguas extranjeras más que los corintios, antes hablaría cinco palabras con entendimiento, es decir, de modo inteligible, que diez mil palabras en lengua desconocida. En la iglesia, o sea, en la asamblea o reunión. Para que enseñe también a otros (katëcheö, que significa instruir oralmente, Gál 6:6). Esto demuestra lo que se significa hablar con entendimiento. Es hablar de tal manera que se comunique instrucción. En las sinagogas los que oraban no siempre podían hacer públicamente lo que hacían en privado, Pablo de igual manera distingue entre las prácticas privadas y públicas de hablar en otros idiomas. Para los griegos el número diez mil era el más grande, con esto Pablo da entender que puede tener la mejor lingüística posible de cualquier idioma y es mejor hablar en el idioma conocido y de manera entendible para que otros puedan crecer en la verdad.

 

Concluyo con esto, jamás el Espíritu convencerá a una persona que no entiende lo que oye, por eso es necesario comunicar correctamente la verdad para que ésta tenga el efecto deseado por Dios, arrepentimiento, rendición y edificación en su Palabra. Con esta exégesis queda claro que el comunicado común de las lenguas no es un idioma angélico sobrenatural dado por el Espíritu, es más bien la facultad de hablar otros idiomas. Y debe ser todo en edificación al entendimiento. En cambio, el culto carismático moderno, donde el alboroto y extasis emocional son la órden del día, es una copia exacta de los cultos pagános antiguos donde gritaban con lenguas incomprensibles para llamar la atención a sus dioses. Se puede definir con claridad que tales acciones son completamente anti-bíblicas.

 

-Félix Muñoz (Th.D).

 

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El caso de Judas: Un analisis soteriológico


Muchos creyentes bien intencionados pero faltos de entendimiento biblico afirman que Judas fue salvo por que segun ellos se arrepintió de haberlo entregado ¿Que realidad bíblica hay detrás de dicha exposición?, claramente es una descontextualización herética a las Escrituras esta explicación tan ambigua dada por muchos, ¿porqué llego a esa conclusión? veamos.

Si Judas fue al cielo, entonces El Antiguo Testamento es mentira, la soberana preeminencia y omnisciencia divina no funcionan y Jesucristo es un mentiroso. Veamos porqué.

¿Que dice las Escrituras al respecto?

"Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste yo los guardé; y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición; para que la Escritura se cumpliese - Jn 17:12 (RVR)"

¿Que debía cumplirse?

Cuando Jesús compartía la última cena con sus doce discípulos les dijo: “En verdad os digo que uno de vosotros me ha de entregar”. Los discípulos más cercanos comenzaron a entristecerse y a decirse unos a otros: “¿Seré yo?”. Él les dijo: “Es uno de los doce, el que moja el pan conmigo en el plato”. Minutos después Jesús untaba su pan en el plato. Junto a su mano, apareció otra mano sosteniendo otro pedazo de pan. Era la mano de Judas Iscariote. (Aquél el cual Jesús lo menciona como hijo de perdición en Jn 17).

En Salmos 41:9 otra profecía dice: “Hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, me ha puesto la zancadilla”. Zacarías 11:12-13, por su parte, predice incluso que la traición de Judas sería a cambio de 30 monedas de plata. Icluso, la historia tipológica de José hijo de Jacob, demuestra que este fue vendido por monedas de plata (Gén 37:28) y Cristo como el antitipo es el climax de la historia.

Judas no solo no tenía fe en Cristo, sino que tampoco tenía una relación personal con Él. Cuando los evangelios sinópticos mencionan a los doce, generalmente ellos son puestos siempre en el mismo orden, con pequeñas variaciones (Mt 10:2-4; Mr 3:16-19; Lc 6:14-16). Culturalmente en tales tiempos se asociaba a los más cercanos en un escrito primero y a los menos cercanos al final, entonces el orden general indica la relativa cercanía de su relación personal con Jesús. Ya que Pedro y los hermanos Jacobo y Juan siempre son los primeros en la lista, lo cual es afirmaba su relación íntima con Jesús. Si se nota, en los versos mencionados, Judas siempre es descrito al final de la lista, lo cual indica su falta de relación personal con Jesucristo. Adicionalmente, los evangelios, presentan que el único diálogo documentado entre los dos, se menciona a Judas siendo reprendido por Jesús, Jesus corrige su reacción motivada por la avaricia (Jn 12:1-8), y cuando niega su traición (Mat 26:25), incluso reprense la traición misma (Lc 22:48).

Judas, como la mayoría de la gente de su tiempo, tenían la inclinación de que el Mesías pondría fín a la conquista romana y que volvería a tomar la posición de gobernante político sobre Israel. Judas claramente siguió a Cristo esperando beneficios político-económicos a causa de su asociación con Él, Judas esperaba estar entre la elite posicional que adquirian aquellos que trabajaban mano a mano con quienes conquistaban. Cuando Judas traicionó a Jesús, ya Cristo había dejado claro que Él planeaba morir, con eso despertó el pensamiento contrario que tenían muchos de Él como conquistador político, con Su muerte entonces no iniciaría una rebelión contra Roma. A causa de ello Judas asumió al igual que lo hicieron los fariseos, que Él no derrocaría a Roma, y al no tratar de hacerlo entonces según el pensamiento popular de esos tiempos Él no podía ser el Mesías que estaban esperando.

Judas tuvo la capacidad total para tomar sus propias decisiones hasta el punto donde “Satanás entró en él” (Jn 13:27) por sobre todo bajo el anticipado conocimiento de Dios (Jn 13:10, vv.18-21) de ninguna manera la preeminencia y omnisciencia divina incapacitó la habilidad de Judas para tomar su decisión determinada. Más bien, lo que eventualmente decidió hacer Judas, Dios lo vio como una observación del presente, y Jesús dejó en claro que Judas era responsable por su decisión y tendría que dar cuenta por ello. “De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.” (Mr 14:18). Jesús caracteriza la participación de Judas como una traición. Y respecto a su responsabilidad por esta traición, Jesús dijo. “… mas ¡hay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mr 14:21), si Judas era salvo entonces Satanás no tuvo su parte en esto como vemos en Jn 13:26-27, el cual también se le tomará en cuenta por sus hechos. Dios en Su sabiduría es capaz como siempre de dirigir aún la rebelión de Satanás para beneficiar a la raza humana. Satanás ayudó a enviar a Jesús a la cruz, y en la cruz, el pecado y la muerte fueron vencidos, y la provisión de Dios para la salvación está gratuitamente disponible para todos aquellos que se arrepienten en Jesucristo como su salvador personal para el perdón de sus pecados. Ese es el arrepentimiento verdadero, no el que judas ejecutó, judas se arrepintió de ser quién lo traicionó pero nunca de su pecado.

¿Se salvó Judas?

Muchos en su afan por demostrar que Dios es amor llegan a la delgada línea divisora de lo verdadero a lo herético, afirmando que como Dios es amor, pueden estar seguros que salvó a Judas iscariote del juicio y condena eterna. Por su puesto, esa afirmación demuestra por completo la falta de educación bíblica que tienen, ya que la biblia indica claramente que Judas no era salvo. Jesús mismo dijo de Judas, "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido" (Mt 26.24). Aquí vemos una imagen clara de la soberanía de Dios y la voluntad del hombre trabajando juntos. Dios había decidido, del tiempo pasado, que Cristo sería traicionado por Judas, moriría en la Cruz por nuestros pecados y sería resucitado. Esto es lo que Jesús quiso decir cuando dijo que iría “según está escrito de él.” Nada podría detener el plan de Dios para proveer la salvación para la humanidad.

Por otra parte, se puede responder a la pregunta leyendo (Hch 1:25). 

Pedro expresa que Judas "cayó para irse a al lugar que le correspondía". Analizando el lexico "a su propio lugar" del gr. "eis ton topon ton idion". Es una descripción gráfica del destino de Judas, el pensamiento de esa época al decir "se fue a su propio lugar" aludía que la persona era digna del fuego. Pedro hablaba acerca del destino de Judas y su culpa. Por otra parte, observando el propio contexto cultural de la época la expresión “ir a su propio lugar” es la que usan los escritores antiguos para denotar “ir a un destino eterno”. Así, el Tratado Judío, Baal Turim, en Números 24:25, dice: “Balaam fue a su propio lugar, es decir, a Gehenna”, al infierno. Así, el Targum, o Califa Paráfrasis sobre Eclesiastés 6: 6, dice: “Aunque los días de la vida de un hombre fueron dos mil años, y él no estudió la Ley ni hizo justicia, en el día de su muerte su alma deberá desciende al infierno, al único lugar donde van todos los pecadores”. Así, Ignacio en la Epístola a los Magnesios dice: “Debido a que todas las cosas tienen un final, las dos cosas muerte y vida se acostarán juntas, y cada una irá a su propio lugar”. La frase su propio lugar significa el lugar o la residencia que era adecuado para él, que era “su hogar apropiado”. Se entiende entonces que al comunicar que se "había preparado su propio lugar, y a su lugar se había ido", se habló de ser separado para juicio y fuego, entonces, Judas no se salvó.

Volviendo a Juan 17:12, cuando estaba con los discípulos, Cristo los guardaba en el nombre del Padre, es decir, por Su poder y autoridad. Ninguno de ellos se perdió, afirmó el Señor, sino el hijo de perdición, es decir, Judas. Claramente Jesús expresa en a oración «Los que me diste he guardado, y ninguno de ellos se perdió, pero el hijo de perdición se ha perdido, para que se cumpliese la Escritura». Si según el pensamiento de muchos, Judas se salvó, enconces, ¿por que creen en las Escrituras si estas mienten según su criterio? El título el hijo de perdición significa que Judas fue consignado a ruina o condenación eterna. Judas no fue obligado a traicionar a Cristo para que fuese cumplida la profecía, sino que él decidió traicionar al Salvador, y al actuar así se cumplió la Escritura.

Así como la gracia teológicamente se divide en común y salvívica, tambien Su amor, es decir, la gracia común establece que el sol sale para el justo como para el injusto, del agua se beneficia tanto el justo como el injusto etc, pero la gracia salvífica estabelece que solo la disfrutan eternamente quienes han sido regenerados en Cristo por el Espíritu, ¿deja Dios de tener gracia por hacerlo así? claramente no, al contrario, por otra parte para comprender el amor divino de manera más clara para nuestro entendimientio finito de igual forma se divide el amor de Dios, en común y salvífico, p.ej. Dios ama a todos con un amor general por ser Su creación, pero eso no garantiza salvación, ese amor dura mientras la persona goza de su estadía en esta tierra y culmina cuanto parte de esta, sin embargo, el amor salvífico lo gozan los regenerados comenzando como un acto presente en su estadía terrenal, y teniendo una continuidad sin fin, es decir, eternamnete, he aquí la diferencia, por lo tanto se entiende que el amor y gracia de Dios sobre Judas cae en la categoría de común más no salvífica. Con esto queda claro que el supuesto noble pensamiento de muchos sobre el amor de Dios sobre Judas para salvarlo es una totalmente alejada de la verdad ya que expone a Jesús como uno sin justicia, las Escrituras como unas sin verdad, y la historia como una sin credibilidad.


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El desarrollo histórico de la fe en los evangelios



“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” - Hebreos 11:1-3.

La fe es uno de los conceptos más importantes de los Evangelios. No es de extrañar que pistis («fe, fidelidad») y pisteuō («creer, confiar») se hayan convertido posteriormente en términos teológicos centrales para la religión cristiana. Estos términos aparecen 243 veces en el Nuevo Testamento, con mayor frecuencia que «reino» (162×), «gracia» (156×), «iglesia» (114×), «salvar» (107×) y «justicia» (92×). El concepto también se encuentra en los pasajes que tienen que ver con la confianza en *Dios. En los Evangelios, «fe» se refiere a creer en la palabra de Dios, confiar en su Hijo Jesucristo, y mantenerse fiel viviendo según sus demandas.

En este escrito se analizará la fe en tres aspectos importantes:
1. Desarrollos históricos
2. La fe en los Evangelios
3. Resumen

1. Desarrollos históricos.
Contrariamente a las afirmaciones de R. Bultmann (TDNT 6:181) y de la escuela de la historia de las religiones, pistis/pisteuō como término cristiano central no tiene parangón o precedentes en las religiones griegas. Más bien, el término y el concepto tienen su origen en la tradición bíblica judía. En el AT la exigencia básica de Dios a los seres humanos es ʾemûnā («fe/fidelidad»), es decir, fe en sus palabras y, en consecuencia, fidelidad en el cumplimiento de sus mandamientos. Por lo tanto, la fe es teocéntrica. Como ejemplo de *fe, Abraham confía en la promesa de Dios (Gn 15:6) y obedece diligentemente sus mandamientos (Gn 22:18; 26:5).

En el período del Segundo Templo la fe se expresa de diversas maneras. Mientras que el elemento de confianza en Dios se mantiene en la mayor parte de la literatura (e.g., Filón, De Sacr. Abelis 70–71;. 1QHaXVI, 17), hay una tendencia en ciertos sectores judíos a equiparar la fidelidad en el cumplimiento de los mandamientos de Dios con las obras de justicia (por ejemplo, 1 Mac 2:50–52; 4QMMT) (véase Yeung, 241–52). Cuando se lleva al extremo, la fidelidad a la *ley de Dios puede convertirse en el tipo de santurronería que Jesús denuncia enérgicamente (Mt 23). La concepción veterotestamentaria de la fe se sustenta en Jesús. Lo novedoso de Jesús es que, con su venida, la fe en Dios se convierte en la fe en su emisario especial Jesús, quien cumple fielmente la voluntad de Dios trayendo *salvación a su pueblo. En los Evangelios sinópticos el sustantivo pistis se utiliza casi exclusivamente en relación con los *milagros, excepto en Lucas 18:8; 22:32, donde se refiere a la fidelidad de los *discípulos. La fe precipita muchos de los milagros de Jesús (e.g., Mc 2:5; 5:34). Por el contrario, la falta de fe es vista como un obstáculo para los milagros de Jesús (Mt 13:58 // Mc 6:5–6). Estos textos han sido considerados por algunos estudiosos como composiciones que reflejan el desarrollo de la creencia de la iglesia primitiva de que el Jesús terrenal iba a ser el objeto de la fe de la misma manera que el Señor resucitado. Según expertos como Bultmann, el Jesús histórico no afirmó ser el Mesías, y el Jesús sinóptico, a diferencia del Jesús joánico, no exige fe en su propia persona (Bultmann, 1:9). Jesús fue a lo sumo un hacedor de milagros. Es solo la iglesia pospascual la que convierte a Jesús en el centro de la fe. La frase «el que cree en mí» (Mt 18:6) es, pues, una adición mateana y no una frase real usada por Jesús (cf. Mc 9:42). De esta manera se establece una separación entre la «fe en el milagro» de Jesús y la fe en la «salvación/kerigma» de Pablo.

Sin embargo, y contrariamente a lo anterior, existen pruebas de que el Jesús de los Evangelios exige constantemente fe en su propia persona. Su anuncio de la inminente venida del *reino de Dios requiere fe, no solo en la verdad del mensaje, sino también en sí mismo como aquel que trae el reino (Mc 1:14–15). Él no solo es *el profeta de Dios que puede realizar *curaciones (Mc 9:23), sino también el *«Hijo del Hombre» que tiene autoridad para juzgar y perdonar los pecados en nombre de Dios (Mc 2:5; cf. Dn 7:13–14). Por encima de todo, exige fe en sí mismo como el Mesías (Mc 8:29; Mc 10:47 [*«Hijo de David» = Mesías]). Por otra parte, la supuesta «fe en el milagro» de Jesús es en realidad una «fe salvadora» por naturaleza. Esto se ilustra mediante la formula «tu fe te ha sanado/salvado [sōzō]», que aparece siete veces en cuatro episodios distintos de los Evangelios sinópticos ([1] Mt 9:22 // Mc 5:34 // Lc 8:48; [2] Mc 10:52 // Lc 18:42; [3] Lc 7:50; [4] Lc 17:19). En la época de Jesús, la palabra griega sōzō había convertido en un concepto global para comunicar el concepto judío de sanidad, así como también de salvación, y este desarrollo es el mejor trasfondo para el uso de la fórmula por parte de Jesús. En la tradición judía de sanidades se concibe a las personas como entidades individuales. El bienestar físico de una persona es una indicación de la relación armónica de esa persona con Dios. Puesto que Dios es el autor último de la enfermedad (cf. Ex 15:26), la enfermedad se percibe como una situación desfavorable de la cual una persona (sea víctima inocente o pecador suplicante) se puede salvar volviéndose a Dios en fe. Visto de esta manera, en los cuatro episodios antes mencionados, la mujer con flujo de sangre, Bartimeo y el leproso samaritano reciben la salvación tanto como la mujer pecadora, ya que todos ellos son restaurados a una relación armoniosa con Dios. Por tanto, es totalmente infundado postular una dicotomía artificial entre la «fe en el milagro» de Jesús y la «fe en la salvación/kerigma» de Pablo.

2. La fe en los Evangelios.
El tema de la fe está íntimamente entretejido con la teología de los cuatro Evangelios. Aunque cada Evangelio tiene su propio énfasis, las cuatro perspectivas se complementan entre sí en la elaboración de un cuadro de la fe que sigue la misma línea de la ʾemûnā en el AT.

2.a. La fe en Marcos.
La fe es un tema dominante en Marcos. Su omnipresencia excede con mucho las dieciocho apariciones del grupo de palabras derivadas de pisteuō (el sustantivo pistis [5×], el verbo pisteuō [10×] y algunas palabras afines, sin incluir la elevada densidad de palabras derivadas de pisteuō que se encuentran en el final largo de Marcos [Mc 16:9–20]). Dado que la identidad del Jesús terrenal está abierta a aquellos que tienen fe en él, la tendencia entre los estudiosos a interpretar este Evangelio a través del filtro del «secreto mesiánico», según el cual el Jesús histórico no cree ser el Mesías, ha de ser rechazada. El hecho de que Jesús advierta a sus discípulos de que no deben revelar su identidad en la primera fase de su ministerio se explica mejor por el propio manejo que hace Jesús de los tiempos a la hora de revelar su identidad como Mesías y no como un posterior encubrimiento por parte de sus discípulos para justificar por qué Jesús no declara abiertamente su mesianismo.

La fe en Marcos es teocéntrica (Mc 11:22). Es necesario abrazar el *evangelio de Dios (Mc 1:15) y aceptar a Jesús como el Mesías de Dios (Mc 8:29). Paradójicamente, la fe también está relacionada con el tema de la revelación. Por un lado, los secretos del reino de Dios son revelados por Jesús tan solo a sus discípulos creyentes (Mc 4:11). Cuando Marcos comenta conmovedoramente que Jesús «no podía hacer ningún milagro» en su ciudad natal, está haciendo hincapié en la soberanía de Jesús de no revelar a quienes se niegan a creer (doble negación en Mc 6:5; comparar el tono más suave en Mt 13:58: «no hizo allí muchos milagros», donde el énfasis recae sobre la responsabilidad humana). Por otro lado, la fe que muestran los discípulos no es algo inherente a los seres humanos, sino que solamente puede ser otorgada por Dios. Por lo tanto, los discípulos creyentes se encuentran continuamente faltos de fe y de comprensión (Mc 4:40; 6:50–52; 8:17–19; 9:19; 16:8). Necesitan crecer en la fe a medida que Jesucristo les revela verdades más grandes. El proceso de la revelación y el crecimiento en la fe está simbolizado por la curación en dos etapas del hombre *ciego en Betsaida (Mc 8:22–25), que solamente aparece en el relato de Marcos. Esta paradoja de la fe está bien representada por el grito del padre del muchacho epiléptico: «Creo [pisteuō], ¡ayuda mi incredulidad [apistia]!» (Mc 9:24). 

La súplica no es una contradicción en los términos, sino más bien un profundo reconocimiento de la impotencia de uno, así como una firme convicción en que solo Dios y su agente especial Jesús pueden ayudar. La fe, por tanto, va estrechamente ligada a la *oración que hace que la persona se vuelva a Dios en busca de ayuda y experimente de ese modo el poder de las oración contestada (Mc 9:29; 11:22–24). En relación con el debate sobre si la fe de Jesús se refiere a la fe de Jesús en Dios o a Jesús como el objeto de la fe, hay evidencias de ambas en Marcos. La fe de Jesús sirve como ejemplo para sus discípulos por cuanto él lleva a cabo la voluntad de Dios fielmente al pronunciar juicio el incrédulo *Israel, tal como simboliza la higuera estéril (Mc 11:12–21). Se espera que los discípulos hagan portentos a través de esa fe (Mc 11:23; cf. la partición del Monte de los Olivos en los últimos días predicha en Zac 14:4). Sin embargo, la mayor parte del tema de la fe en Marcos se refiere a Jesús como centro de la fe. Jesús es el Mesías y, aún más, el Mesías sufriente y resucitado. Los que le siguen con fe le debe seguir en el discipulado radical «en el camino» (en tē hodō) a la cruz y la resurrección (Mc 8:27; 10:33, 52).

2.b. La fe en Mateo.
El conjunto de palabras derivadas de pisteuō aparece más de treinta veces en Mateo, incluido el sustantivo pistis (8×), el verbo pisteuō (11×), el adjetivo pistos (5×) y algunas palabras afines. Una expresión favorita de Mateo es «de poca fe» (5×; oligopistos en Mt 6:30; 8:26; 14:31; 16:8; cf. el sustantivo oligopistia en Mt 17:20), que aparece fuera de Mateo solo en Lucas 12:28 (// Mt 6:30). La fe en Mateo hereda el énfasis veterotestamentario sobre la fe expresada como fidelidad. Está estrechamente ligado a la obediencia y la «justicia», siendo este último un término clave en Mateo que hace referencia a la clase de vida y las actitudes que se ajustan a las normas de Dios. Como ejemplo último de la fe, Jesús es obediente a Dios hasta la muerte. Una burla de parte de los líderes judíos incrédulos, «confiaba [pepoithen] en Dios» (Mt 27:32), cumple irónicamente con la descripción que hace el AT de un verdadero hombre de fe (cf. Sal 22:8). Jesús exhibe tal justicia en cada momento de su vida (por ejemplo, Mt 3:15; 26:39, 42). Sin embargo, Jesús no es simplemente un ejemplo. En virtud de su obediencia a Dios en la cruz, es capaz de salvar a su pueblo de los pecados (cf. Mt 1:21; 27:51). Por lo tanto, no solo llama a sus discípulos a imitar su fe, sino que también exige el reconocimiento de sí mismo como el Hijo del Dios vivo, dando lugar a la consiguiente confianza y obediencia. Sobre la base de este reconocimiento del Mesías construye «la iglesia» (Mt 16:16–18), el nuevo *Israel de Dios, compuesto tanto de creyentes judíos como gentiles (cf. Mt 8:10–11).

Tal aceptación creyente de Jesús como el Cristo es la que expresa Pedro, el discípulo típico (Mt 16:16). Sin embargo, esta fe debe crecer si un discípulo ha de vivir una «justicia» que supere a la de los *fariseos (Mt 5:6, 10, 20). Uno debe aprender a confiar en Dios completamente para la provisión diaria con el fin de ser capaz de servir a Dios con una firme resolución (Mt 6:24–34). El no hacerlo así es una marca de «poca fe», que está viciada por los temores y ansiedades (Mt 6:30). «Poco fe» (oligopistia) no es lo mismo que «ninguna fe/incredulidad» (apistia) en Mateo. Esta última rechaza a la persona de Jesús y por lo tanto no puede experimentar su poder milagroso (Mt 13:58). «Poca fe», por el contrario, es una fe que se dispone a seguir a Jesús, pero se ve enredada por las dudas y preocupaciones en el camino. Sin embargo, es una fe inicial en Jesús que tiene potencial para crecer. El Jesús resucitado exhorta a sus discípulos a descartar la «poca fe», ejemplificada por Pedro cuando camino sobre el mar (cf. Mt 14:28–33; 28:17), para que puedan sacar provecho de su presencia viva y convertirse en testigos efectivos entre las naciones (Mt 28:18–20).

2.c. La fe en Lucas.
Al igual que en Mateo, el grupo de palabras derivadas de pisteuō aparece más de treinta veces en Lucas, incluido el sustantivo pistis (11×), el verbo pisteuō (9×), el adjetivo pistos (6×) y algunas palabras afines. En Lucas, la fe está estrechamente relacionada con la salvación y el *arrepentimiento (por ejemplo, Lc 7:50; 8:12; 17:19; 24:47). Como simboliza la parábola del sembrador, la clase de fe que lleva a la salvación acepta la palabra de Dios y produce fruto de arrepentimiento a través de la perseverancia (Lc 8:12). La fe genuina es acompañada por el amor a Dios y a Cristo (Lc 7:50) y produce un discipulado radical (e.g., Lc 19:8–10). En este sentido, Lucas cambia el énfasis del inminente regreso de Cristo al «hoy» (nótese el uso profuso de «hoy» [por ejemplo, Lc 4:21; 13:32, 33; 19:9; 23:43] y «todos los días» [Lc 11:3]). La fe (fidelidad) se requiere «hoy» mientras los discípulos se preparan para el regreso de su amo. No solo se anima a los discípulos a esperar con fe la reivindicación final del pueblo de Dios (Lc 18:1–8), sino que también se les advierte de que deben ser fieles mayordomos al enfrentarse a las tentaciones en este mundo. Lucas hace especial hincapié en la distribución de la riqueza material como un signo de la fe y el arrepentimiento (Lc 19:1–10). El dinero no es malo en sí mismo, pero puede convertirse en una tentación a mostrarse codicioso y sentir una falsa seguridad aparte de Dios (Lc 12:13–21; 18:22–25). Los discípulos fieles no solo deben confiar en la provisión de Dios y no acumular riqueza para sí mismos, sino que también deberían amar a sus prójimos compartiendo las posesiones materiales con aquellos que tienen necesidad (Lc 12:22–34; 16:1–13; Lc 16:19–31). Jesucristo es visto sobre todo como representante de Dios que viene a ayudar a los pobres y necesitados (por ejemplo, Lc 4, 18–21; 7:11–15, 36–50). Aquellos que siguen a Cristo deben seguir su ejemplo. Debido a que el discipulado es costoso, Lucas subraya que el que quiera seguir a Cristo debe contar el coste antes de iniciar el viaje (Lc 14:25–33).

2.d. La fe en Juan.
El Evangelio de Juan difiere de los Evangelios sinópticos en la alta incidencia del verbo pisteuō (98×) y la ausencia del sustantivo pistis. Aparte del verbo, los adjetivos apistos («incrédulos») y pistos («creyentes») aparecen una vez cada uno, en Juan 20:27. A pesar de las opiniones anteriores en sentido contrario, la singular construcción joánica pisteuō eis («creer en»), seguida por el objeto en acusativo (no menos de treinta y seis veces) no significa una fe más profunda que aquella a la que hace referencia la construcción pisteuō seguida por el objeto en dativo. Esta última puede denotar una fe tan fuerte como la anterior (e.g., Jn 5:38, 46). Las dos construcciones son variaciones meramente estilísticas. El uso dominante del verbo pisteuō contribuye a una interpretación dinámica de la fe. La fe en Juan no es el consentimiento a un credo sino esencialmente una relación. El propósito de este Evangelio, como se dice en Juan 20:31, es ayudar a los lectores, tanto creyentes como no creyentes, a construir una relación de confianza con Jesucristo. Allí el presente de subjuntivo pisteuēte («seguir creyendo» [NRSV, nota]) es una lectura más probable que el aoristo pisteusēte («llegado a creer» [NRSV, texto]). La fe es una actividad continua de confianza en Jesucristo, la Palabra viva de Dios. Mientras que Jesús sabe quiénes son los que de verdad creen en él (Jn 2:23–25), desde una perspectiva humana hay que seguir creyendo (Jn 2:11), de lo contrario la fe puede acabar en naufragio. El que empieza a creer puede terminar siendo un verdadero creyente perseverante (Jn 6:68–69) o un enemigo hostil de Jesús (cf. Jn 8:31, 59). La relación entre fe y milagros en el Evangelio de Juan es paradójica. En los Evangelios sinópticos la fe sirve de plataforma para que Jesús realice sus milagros (cf. Mt 13:58 // Mc 6, 5–6). 

En el Evangelio de Juan, sin embargo, los milagros de Jesús (llamados sēmeia, «señales») inducen a y promueven la fe, ya que sirven como señales que guían la comprensión de la gente hacia la identidad y el poder de Jesús (Jn 2:11). Por tanto, «venir» y «ver» a Jesús ofrece una posibilidad para que uno conozca mejor a Jesús y permite que uno «vea» mayores obras de Jesús (Jn 1:46–51). Paradójicamente, sin embargo, «ver» los milagros de Jesús no garantiza necesariamente la fe. Si ver no va acompañado de la visión espiritual, el hecho de ver puede convertirse en un obstáculo para la fe (Jn 6:26). En última instancia, lo crucial es la fe en la persona de Jesús y sus palabras. Así pues, ser capaz de creer en las palabras de vida sin ver milagros es lo más deseable, especialmente para los lectores de Juan, que no podrán ver al Jesús terrenal por sí mismos (Jn 20:29). La naturaleza dinámica de la fe se expresa a través de la asociación de la fe con metáforas sensoriales: la fe «recibe» (Jn 1:12), «come y bebe» (Jn 6:35, 54), «permanece» (Jn 15:7) «obedece» (Jn 14:21), «sabe» (Jn 17:3, 8), y así sucesivamente. La fe lleva a la salvación a medida que uno participa de la vida del Padre y del Hijo (Jn 17:3). El Evangelio de Juan relaciona la fe con la salvación con más fuerza de lo que lo hacen los Evangelios sinópticos.

3. Resumen.
Las cuatro presentaciones de la fe en los cuatro Evangelios convergen para destacar a Jesucristo como el objeto de la fe. Él es el Hijo enviado por Dios Padre para salvar a las personas en la tierra. La fe en Dios en los últimos tiempos debe expresarse mediante la fe en Jesús como Mesías. Esa fe tiene que demostrar su autenticidad en la fidelidad, en forma de discipulado radical. Este es el desarrollo natural del ʾemûnā del AT y es también la base de la fe en los demás escritos del NT.

La fe es el medio no el fin, el fin de la fe es Jesús.




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Notas:
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Material tomado de: Diccionario de Jesús y los evangelios (CLIE).
· P. G. Bolt, «The Faith of Jesus Christ in the Synoptic Gospels and Acts», en The Faith of Jesus Christ: Exegetical, Biblical, and Theological Studies, ed. M. Bird and P. M. Sprinkle (Milton Keynes: Paternoster, 2009) 209–37.
· R. Bultmann, Theology of the New Testament, trad. K. Grobel (2 vols. en 1; reimpr., Waco, TX: Baylor University Press, 2007 [1951–1955]) - existe edición castellana: Teología del Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme, 1980).
· N. Farelly, The Disciples in the Fourth Gospel: A Narrative Analysis of Their Faith and Understanding (Tubinga: Mohr Siebeck, 2008); J. B. Green, The Theology of the Gospel of Luke (NTT; Cambridge: Cambridge University Press, 1995).
· C. R. Koester, The Word of Life: A Theology of John’s Gospel (Grand Rapids: Eerdmans, 2008). D. Lee, «The Gospel of John and the Five Senses», JBL 129, no. 1 (2010):115–27; D. Lührmann, «Faith», ABD 2:749–58; U. Luz, The Theology of the Gospel of Matthew, trad. J. B. Robinson (NTT; Cambridge: Cambridge University Press, 1995).
· C. D. Marshall, Faith as a Theme in Mark’s Narrative (SNTSMS 64; Cambridge: Cambridge University Press, 1989); I. H. Marshall, New Testament Theology: Many Witnesses, One Gospel (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2004) - existe edición castellana: Teología del Nuevo Testamento (Las Palmas de Gran Canaria: Mundo Bíblico, 2009).
· T. R. Schreiner, New Testament Theology: Magnifying God in Christ (Grand Rapids: Baker Academic, 2008).
· M. Yeung, Faith in Jesus and Paul: A Comparison with Special Reference to «Faith That Can Remove Mountains» and «Your Faith Has Healed/Saved You» (WUNT 147; Tubinga: Mohr Siebeck, 2002).

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Aquí encontrarán todo lo relacionado a la Biblia, la Palabra de Dios. El fin es que el cuerpo de Cristo sea totalmente edificado en ella, y no solo conozca de ella, sino que conozca al Dios verdadero mediante ella. El enfoque es presentar el cáracter de Dios, Su perfecta personalidad y esencia para tener un conocimiento completo y detallado de quién es Él y cual es Su orden establecido para el bienestar del ser humano.

Todo el material de ésta página tiene el propósito de brindar educación bíblica en la mayor cantidad de areas posibles para que el creyente tenga una idea clara, estable, completa, segura y aplicable de la voluntad perfecta de Dios en Su Palabra su vida personal.

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